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ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA
Carmen Elvira Brigard, Danna García y Martha Combariza

Solarium

Por: Ana López Ortiga

 

Cuando murió mi papá, quise pintar un cielo.

—Carmenelvira Brigard

 

Pero no salió un cielo, en cambio: soles amarillos, dorados, pequeños, medianos, regulares. Estrellas y más estrellas.

 

Cuando hay un duelo lo que se busca es el cielo. En el cielo están esas luces antiguas que viajan en largas estelas hasta que llegan a los ojos, es decir, al cuerpo vivo, y ahí continúan su camino hacia adentro; esa trayectoria interior no se detiene ni termina nunca. Luego, o simultáneamente, los cuerpos irradian esa luz, emiten energía, ondas electromagnéticas que se materializan en diversas formas: flores, frutos, semillas, oraciones, dibujo, canto o silencio luminoso. El viento viene y se lleva esa energía, la disemina, cerca o lejos o muy lejos: su sedimento volátil puede llegar más allá de la atmósfera, atravesar el vacío, viajar años luz en patrones rítmicos, en ciclos que parecen circularidad estática, tiempo inerte, que es como hablar de la inercia de los árboles o de las rocas o de las formas geométricas.

 

«Todo en este mundo produce rayos a su modo, como una estrella [...] Todo lo que tiene existencia real en el mundo de los elementos emite rayos en todas direcciones y llena así el mundo entero», escribió al-Kindi, en Iraq, en el siglo IX. 

 

Un dibujo, una pintura, es como un canto, como una oración que altera las ondas del aire que procesan los sentidos. El cerebro interpreta la vibración de las formas: la longitud de onda es un hecho físico real que se traduce infinitamente en el interior de cada quién, según la acústica particular de cada cielo interior.

 

Quien canta devotamente, escucha con atención, el sonido invoca unas formas, moviliza lineas y agrupa densidades de color, a veces aparece la luz en estelas doradas, amarillas, fuego en rojo o hielo azul y verde. Cuando dibuja, aparecen los soles: se asoma a la hoja en blanco y las líneas quieren ir del centro hacia fuera. 

 

Dibujar formas es una manera de extraer luz de la oscuridad, alguien raya y encuentra asidero entre lo informe.

 

Estos pueden ser los dibujos de los cantos, las oraciones, los poemas. Estructuras rítmicas, manifestaciones de la luz. Orar es entrar en el ritmo y que la resonancia atraviese, ilumine. Esos soles se mueven, cuando uno mira fijo o distraídamente, los secretos de los colores se agitan, llaman. Así llaman también las oraciones en los marcos de las pinturas: como marginalia medieval que enmarca para ampliar, comentar, profundizar, continuar en lenguaje lo que despierta la pintura; es la resonancia de las imágenes en palabras, oraciones, un idioma sagrado que llevamos siglos alimentando con nuestra manera privada de orar.

 

En la luminosa tiniebla hay millones de estrellas ocultas, regiones sombrías del vacío donde la luz se desplaza. Es necesaria la oscuridad (de la semilla, del dolor, de la confusión, del duelo). La oscuridad guarda los deseos, los soles, los cantos, y esas formas, por la ley del cambio, terminan por hacerse sensibles, se manifiestan, como el dar a luz, dar a ver, dar a oír, dar a los sentidos, a la experiencia.

 

Un solarium (“lugar del sol” en latín) es un espacio diseñado para recibir y guardar la luz del sol, es el lugar donde el cuerpo toma la luz que necesita. Su existencia es una respuesta a la opacidad. Si afuera es gris, el adentro ilumina. Un solarium es un gesto que responde a la oscuridad.

 

Cuando hay un duelo, lo que se busca es el cielo, un cielo donde brillen las luces que no mueren nunca.

Oro

 

¿Qué hacer o enunciar para encontrar sosiego y equilibrio?

 

Algunos diferencian orar de rezar; otros mezclan meditar y orar; yo hago resoluciones, acciones intencionadas: medito al dibujar, aliento al cantar. Algunos de nosotros reescribimos las palabras de otros, hasta hacerlas propias; o/y escogemos la poesía para aprender a orar. Hay seres que transforman lo religioso en secular o lo secular en religioso. También está quien conjura; quién repite el credo que le enseñaron de niño o/y quién encuentra calma al moverse (nadar, montar en bicicleta, ir al gimnasio).

 

Esta exposición es y será un acopio de soles, oraciones. Mediante, ordenaré las palabras íntimas de mis amigos y de quién se acerque. Pensaré y sentiré con lápices y pinceles en mano, sin afán y con presencia, dando videncias, evidencias: oro con usted, por usted, por los suyos, los nuestros y con todos  los seres que nos lean.

 

Carmen Elvira Brigard 

Junio, 2026

Marta Combariza, Años 80’s Curiosamente estas obras que llegaron de Martha Combariza, como por arte de magia, son de su juventud como artista, del momento en la que estaba descubriendo y afirmando los elementos que atravesarían su búsqueda y procesos creativos. En este momento, aun su vida no estaba atravesada por el duelo y la muerte, que luego, en su madurez artística, atravesarían, también, su obra. En esta década de los 80’, Martha era, sin mas y en toda su potencia, una mujer que, por un lado, empezaba a descubrirse y a afirmarse a sí misma en la materialidad: de la tierra, del cuerpo, del arraigo, de lo femenino, de lo cíclico, de lo comunitario, de la memoria, de lo artesanal, de las texturas, colores y gestos del mundo que coincidían con su alma. Y por otro, empezaba a encontrarse, también, con el Museo de Arte de la Universidad Nacional, y en él con la educación, la museología y la gestión cultural, como una continuación y expansión orgánica de su propio proceso creativo.

 

Con estas pinturas la Maestra Martha, esa que como tronco de un árbol enraizado y de ramas inmensas nos ha albergado a tantos desde la juventud, se nos presenta como aprendiz y nos invita a redescubrirla desde la desnudez de su mirada y la alegría; como un renacimiento suyo, que nos sigue sosteniendo y señalando el camino… en este caso, para atravesar el duelo que nos deja su partida y re-crear juntas/os su legado... Gracias Martha.

 

Gracias a Bernardo por tu intuición y a Carmen por abrir espacio y cocrear este acontecimiento: ahora tú como un árbol que alberga a los que nacen (Danna) y renacen (Martha). Y a Danna una invitación a resonar con Martha y su obra en general, quizá toda la magia que ha rodeado esta muestra esconde algo más que pura coincidencia entre ustedes dos. -Luisa Rivera G

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Entre el cielo y la tierra

Exposiciones

Carmen Elvira Brigard-Oro

Danna García-Dar Fé

Martha Combariza-Años 80's

Lunes-viernes - 10am a 6pm

Tv 27a#53b-25-Salón Comunal

BOGOTÁ-COLOMBIA

Transversal 27a # 53b-25

+57 305 3477418


bernardo@saloncomunal.co

Lunes a Viernes de 10:00a.m-6:00p.m
 

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