La visita al trabajo de Edelmira Boller se enriquece si se tiene presente el pensamiento de Eduardo Ramírez Villamizar y el de Augusto Ardila, dos maestros que apoyaron sus investigaciones, exploraciones y propuestas de manera fraterna a lo largo de su trayectoria. En las frecuentes y animadas conversaciones que mantuvo con estos creadores Elmira Boller organizó impresiones e ideas que motivaron y ampliaron la pasión por el arte que ha tenido desde la niñez y así mismo, ganó la resolución con la que se decidió a desarrollar un proyecto propio de manera autodidacta siendo ya una mujer adulta a la que impactaban hondamente las perspectivas y propuestas de los maestros modernos. 

 

Es evidente que las rigurosas lecciones abstractas de Eduardo Ramírez Villamizar, su amor por Colombia y por su historia ancestral guiaron el gusto de Edelmira Boller hacia la escultura y hacia el uso de las posibilidades moduladoras del hierro, como hacia la preferencia por determinadas temáticas y procesos. Al igual es claro que la dulzura con la que Augusto Ardila ha dado formas visibles a su convicción espiritual contribuyó a reunir en la obra de la artista mundos tan diversos como los que conoció a través de obras de muchas figuras centrales en la historia del arte moderno de Colombia y del mundo, entre quienes se pueden citar a Joan Miró, a Pablo Picasso o a Feliza Busrztyn a manera de ejemplo. 

 

A través de propuestas como las de estos creadores Edelmira Boller comprendió que una disciplina que enlazara al trabajo escultórico con una investigación acuciosa en pintura y en dibujo contribuiría en la comprensión de una pauta visual, de movimiento y de transformación tan definitiva como lo es la luz. Esta convicción la reforzó mientras aprendió de la excelencia en estos oficios que representan los trabajos de Eduardo Ramírez Villamizar y de Augusto Ardila, a quienes es preciso destacar como a dibujantes excepcionales que han hecho claridad en que no existe un trabajo valioso dedicado a descifrar el valor de las estructuras que no tenga el respaldo insistente de un buen dibujo.

 

De otra parte esta vuelta a pensar en el trabajo de Edelmira Boller constituye otra puerta de ingreso a la comprensión y conocimiento del camino en que se ha edificado el aporte femenino en la vida intelectual y artística en Colombia. Aún en un momento en que ya se habían conquistado algunas prerrogativas para la proposición femenina en el país, para la artista fue preciso enfrentarse con obstinación y fortaleza a las barreras que le hacían difícil dedicarse a la vida artística y abrir espacios para la valoración de su trabajo. 

 

María A Iovino

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