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Bernardo Montoya presente en la exposición Alter Natura I, II, III Museo de Arte Moderno de Pereira


El arte contemporáneo ha establecido una relación profunda y definitiva con la noción de territorio, y esta relación se ha manifestado de muchas formas. Por un lado, la ciencia ha sido una fuente de inspiración para muchos artistas, que han encontrado en la exploración científica una vía para cuestionar la relación entre el ser humano y su entorno. Por otro lado, la preocupación por el medio ambiente ha llevado a muchos artistas a abordar la representación de la naturaleza situándose desde la biodiversidad y el cuestionamiento de la explotación indiscriminada de los recursos naturales, como la minería y los ecocidios.

Esta exposición se realiza en el marco de la celebración del aniversario número 30 de la

Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira 1993-2023,

siendo el programa de Administración Ambiental pionero a nivel Latinoamericano. Hoy en día la Facultad cuenta además con dos pregrados en Turismo Sostenible.

Alter Natura es una exposición dividida en tres capítulos que se abren como múltiples

reflexiones acerca de la importancia de los recursos naturales, representadas por medio de expresiones artísticas como pinturas, instalaciones y esculturas, que pertenecen en su mayor parte a la colección del Museo de Arte de Pereira otras de una colección privada que hizo posible su exhibición en nuestro Museo; reuniendo 25 obras de 20 artistas de diferentes generaciones, quienes manifiestan en diferentes medios, sus visiones del mundo, recorriendo paisajes desde las provincias con sus tradiciones rurales hasta los grandes centros urbanos, con sus prácticas y oficios en estrecha dependencia de los recursos de las periferias. Artistas que más allá de representar sus procesos de investigación-creación de manera naturalista, ofrece una visión de que en todo momento estamos en convivencia con la naturaleza, regulando procesos y adaptándonos.

El arte contemporáneo ha encontrado en la noción de territorio/paisaje una fuente

inagotable de inspiración y un espacio de exploración y reflexión que, en paralelo muestra. A través de sus prácticas, los artistas han cuestionado la relación entre las sociedades humanas y sus contextos, explorando temas como la biodiversidad, la minería, la botánica, la geología, las técnicas de construcción y los impactos ambientales de la minería, los procesos industriales, del turismo, de la memoria y la transmisión del conocimiento. En estas últimas es donde la instalación “Pupitres” del 2001 de Juan Carlos Delgado juega con la ausencia y la permanencia, no solo de lo fisico sino tambien de lo energético y la luz misma, contenidas en objetos reconocibles que se desvanecen o van apareciendo de manera progresiva en el muro del Museo. Podríamos afirmar que estos muros sientan las bases de la construcción hacia una sociedad más sensible y formada para adaptarse al futuro, el conocimiento, a su vez crea con su cromado reflejo las cáusticas que sirven de escenario para “Amazonas” de María Fernanda Cardoso. Está pieza fue comisionada en 1992 por el Goethe-Institut para la primera cumbre del medio ambiente de la ONU con sede en Río de Janeiro el mismo año. Una crítica hacia la industria del turismo para el consumo masivo, la domesticación de la otredad y lo exótico, que evoca el poder de la naturaleza en el imaginario cultural popular. Cardoso usa como elementos de sus instalaciones material biológico embalsamado que en el caso souvenir de pirañas para turistas que exhiben peligrosos sus dientes y ojos rojos de plástico que deslumbra la fascinación por lo desconocido. En la instalación titulada “Ranas Danzantes/Dancing Frogs” de 1990, María Fernanda Cardoso lleva a cabo una subversión perversa de los cánones minimalistas aludiendo temas místicos como las fábulas y la ornamentación en el arte precolombino.

Alter Natura también es un viaje por paisajes disímiles, que comienza con la Guajira con los bidones perforados como encajes en “de lo árido” del 2017 por Fredy Clavijo y que

representan la gasolina y el agua como fluidos fundamentales para la sostenibilidad de la vida en medio de la aridez del desierto. Luego, en su viaje, Nicolás Gómez Echeverri en “Ante y Através” del 2013, mancha de petróleo los paisajes de una Europa que no siempre es consciente de los impactos de sus demandas en el llamado “tercer mundo”. Aparecen en el recorrido las imágenes de Indonesia realizadas por Amadou Keita “Noche de marionetas” de 2014 y “Utencilios de mujeres” 2015 en las que se expone la relación de las mujeres con el río, la forma en que toman posesión de él al lavar sus ropas y erigir particulares esculturas con recipientes que parecen pequeños barcos encallados. Continúa el viaje con los oníricos paisajes de Álvaro Barrios con “Recogedoras de perlas” de 1980 y “Decoración para espacios claustrofóbicos” del 2008 de Angélica Teuta que, como la pandemia, llegan a recordarnos que la naturaleza y su magia sigue ahí más allá de nosotros o pese a nuestras intervenciones. Por último, Carlos Enrique Hoyos nos presenta “Matanza” de 1985, evocando las “molas” (tejido hecho a mano por el pueblo Kuna de Panama y Colombia), la matanza de peces que se exhibe en algunos puertos como los cartageneros.

Alrededor de la década de los 50s la comunidad científica identifica que hace más de un

siglo los seres humanos estamos viviendo en nuestra propia era geológica, el Antropoceno,nuestro instinto de supervivencia y el poder de ser una especie “superior” social y lingüística ante la incertidumbre del devenir de la naturaleza y las causalidades como resultado de formas indiscriminadas de someter el paisaje y dominarlo. Sí, a manera de supervivencia y también por domesticar lo que encontramos salvaje e inconmensurable como lo fue una vez la luna y el espacio, dando pasos gigantes en la exploración espacial, permitiéndonos como humanidad, expandir nuestras nociones de distancia y empujar los límites de la ambición.

En paralelo las obras plantean la posibilidad de cohabitar el territorio con la naturaleza y sus fenómenos, dejándonos llevar por esas fuerzas misteriosas que hemos aprendido a

interpretar. Desde una mirada más macro “Я вижу землю” o “Veo la Tierra” de 2019, siendo las primeras palabras la instalación de Santiago Reyes Villaveces nos invita a ver el planeta como un todo, no una variedad de fragmentos disímiles sino una gran nave en la cual todos compartimos la existencia; reflexionar fuera de la particularidad, que contrasta con los casos citados por las demás obras en la sala.


Curador Alejandro Gárces


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